Deportivo Norte vs. Nueva Chicagón

Muchas son las historias y las anécdotas que tendría para contar, muchos son los partidos de ALVA que llevo en la piel. Fue a mediados de la década del ’80 que me invadió este sentimiento, y que crece cada día mas, pero son los hechos, como el que voy a relatar a continuación, los que alimentan mis recuerdos y me llenan el alma de alegría. Tan grande era y es mi pasión por el MATADERO, que llegamos a apoyar a ALVA incluso en aquellas tardes en las que no jugaba:

Como muchas otras tardes de fútbol, manos en los bolsillos, nos íbamos caminando a la cancha, pero no era una situación normal, ya que no estábamos yendo al hacia el estadio Gral. San Martín o a la cancha de Nación, sino que nos dirigíamos al estadio Mundialista, y lo mas raro era que ni siquiera jugaba ALVARADO, pero había un pacto de honor con el fútbol local y a esa cita nos dirigíamos.
Los amigos eran los de siempre, Cristian, Gustavo, el Chuchi, quien escribe (Diego) y otros locos mas. Al acercarnos vimos poco movimiento policial, ya que llegamos faltando mas de una hora y media para el inicio del partido. No teníamos un mango, así que, como siempre, entramos por donde pudimos.
Recuerdo que estaba desprendido, en un pequeño sector que ya conocíamos, la parte inferior del tejido que daba a la platea descubierta, y por allí se mandaron los pibes, para cuando quise pasar ya era tarde, policías venían corriendo a frenar el ingreso. Con Cristian nos metimos finalmente por las cocheras, subimos por la escalera en espiral que da por detras de la platea cubierta y nos dirigimos a la popular sur, donde nos esperaban los demás.
En esa época era mas fácil moverse por todo el estadio.
Ya nos encontrábamos en la popular cuando los pibes de la Brava empezaron a llegar, ya que tenían entradas facilitadas por el club que jugaba de local.
En esa época nos conocíamos todos de vista, ya que donde jugaba ALVA y estaba la Brava, nosotros, con los pibes del barrio estábamos ahí.
La Brava había asumido el compromiso, no se muy bien porqué, de apoyar al Club Deportivo Norte en el trascendental compromiso de semifinales del Regional de 1989.
Del otro lado el “legendario Nueva Chicago”, de este lado un par de bombos, dos largas banderas negra y amarillas de Deportivo Norte, unos trescientos hincha de ALVA y una decena de Norte. Del otro lado unos 1500 hinchas de Chicago.
También había mucha gente en las plateas, pero estos solo fueron espectadores de lo que ocurrió minutos mas tardes.
Recuerdo muy poco del partido e incluso no me acuerdo el resultado, pero lo que me quedó grabado en la memoria fue el combate de esa tarde.
Empezamos con un tibio aliento al club de Mar del Plata, pero de a poco empezaron a aflorar los cánticos de ALVA, y cada vez con mayor fuerza. No podíamos tolerar que alguien gritara “Matadero” y no fuera La Brava la que lo hiciera, sino la hinchada de Chicago.
Así corrían los minutos, nosotros alentando y abajo un partido que poco nos importaba. En un momento dado aparecen unos pibes con camiseta de Chicago y piden que les entreguemos las banderas (las que eran todas de Norte), el capo de la Brava (el recordado negro Salate) les dijo que se las tomaran, los pibes de Chicago amenazantes insistían.
La respuesta del negro Salate fue clarita -¡Rajen pendejos porque los matamos!
Nosotros estábamos en la mitad de la tribuna, y cuando nos quisimos dar cuenta había, arriba contra la baranda que rodea la popular, todas camisetas de Chicago, una al lado de la otra. Nos tenían rodeados.
En ese instante empezaron los manotazos, y cayó un pibe de Chicago. Los demás porteños, los que estaban contra los caños, bajaron y nos tranzamos. La popular de enfrente al ver la pelea se levantó en masa y se dirigieron, por detrás de la platea cubierta, hacia nosotros.
Recuerdo como un hombre grande (de edad) hincha de ALVA agarró a un pibe con la camiseta de Chicago y le empezó a dar la cabeza contra las gradas de cemento.
Todo estaba fuera de control, trompadas y patadas se veían por todos lados. Yo tenia un cinto de cuero con una pesada hebilla de bronce de unos 9cm por 5cm, me lo saqué y empecé a revolearlo para todos lados, rompiendo espaldas, cabezas, caras, etc.
En ese torbellino Dios sabe como terminé en la platea descubierta, la idea era correr y pegarle a todo lo que era verdinegro, y esa carrera desquiciada me depositó en la platea descubierta. Quizás porque allí los gases lacrimógenos dejaban respirar.
Ahí veo que la hinchada de Chicago había retornado a su popular, y la BRAVA seguía firme en su lugar, los pibes pusieron, en realidad todos pusimos, el aguante a una de las hinchadas mas grosas del pais.
Volví a la popular, mis amigos estaban todos bien, había algunos muchachos con sangre en la cara y en las manos, pero todos cantábamos:

SOY DE ALVA, SOY DE ALVA!

Varios lucían como trofeos camisetas de Chicago, vaya uno a saber como se las habían sacado a los porteños.
En ese instante miro hacia enfrente y veo en la popular de Chicago las dos banderas de Norte, se las robaron igual, pero a la BRAVA no la movieron, y los porteños se comieron una paliza inesperada de manos de la hinchada de un equipo que ni siquiera jugaba.

Volví a mi casa dolorido por el combate, pero con una rara sensación de alegría, porque demostramos que éramos (y seguimos siendo) una hinchada de verdad, que somos LA UNICA HINCHADA DE MAR DEL PLATA, reconocida por todo el país.
Durante mucho tiempo cantamos una canción inspirada en dicho encuentro, quizás los mas viejos la recuerden, la que decía así:

NO PEGAMOS CON PIEDRAS
NO PEGAMOS CON PALOS
PERO PREGUNTALE A CHICAGO
COMO PEGA ALVARADO
COMO PEGA ALVARADO

Traté de ser fiel a mis recuerdos, seguramente hay mil historias de esa tarde gloriosa , pero así es como quedó grabada en mi memoria y en mi corazón. Ya no tengo los 17 años que tenía esa tarde, pero sigo sintiendo el mismo fuego por ALVA, el que me va a seguir consumiendo por el resto de mi vida. UN ABRAZO PARA TODOS LOS HINCHAS DE ALVA Y NOS VEMOS EN LA CANCHA.

DIEGO.
Gracias por hacer cada día mas grande este sentimiento.

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